Magnetismo y gravedad.

magnetismo,gravedad,demostracion.

viernes, 15 de abril de 2011

Es solo Rock'n Roll.



WILLIAM Y MARGARET Young tuvieron ocho hijos, una niña y siete niños, todos nacidos en Glasgow, Escocia. En la década del `50, en los duros años de desempleo, la única hija mujer, también llamada Margaret, divulgó entre sus hermanos la música que estaba de moda, como forma de distraerse de los apremios económicos que sufría la familia. Varios de sus hermanos comenzaron a tocar instrumentos, lo que no fue bien visto por el padre, que lo consideraba una pérdida de tiempo. Ante el desolador panorama, la familia emigró a Sidney gracias a las diez libras que ofrecía el gobierno australiano a quienes quisieran iniciar una nueva vida. El padre suponía que en Australia los furores musicales de sus hijos se apagarían, pero se equivocó. A partir del segundo lustro de los `50 el rock también hacía furor en aquellas tierras.

Varios de los hermanos intentaron dedicarse a la música como forma de ganarse la vida. A comienzo de los sesenta Alex consiguió trabajo en Alemania. Tocó el bajo y saxo con Tony Sheridan y, años después, en Londres se empleó como compositor para la división editorial del sello Apple de Los Beatles. A los dieciocho años su hermano George conformó la banda los Easybeats que llegaron a tener algunos éxitos internacionales. George enseñó a tocar la guitarra eléctrica a los hermanos menores Malcolm y Angus. El primero ingresó a los Velvet Underground, que tenían el mismo nombre que la famosa banda norteamericana, mientras Angus, el benjamín de los Young, desde que recibió de Malcolm una vieja guitarra Höfner se pasaba todo el día tocando. Mientras otros escuchaban canciones pop, él intentaba sacar temas de Jimi Hendrix. Adicto a la leche chocolatada, tenía por costumbre no lavarse los dientes e impresionaba con su forma de tocar, dando saltos y moviendo su cabeza como si sufriera un ataque de epilepsia. Además se estaba transformando en un gran guitarrista.

Vuelta al origen. Durante 1972 Malcolm y Angus asistieron a un recital que dio Led Zepellin en Australia. Angus se sintió defraudado. La banda le pareció demasiado moderada y Plant cantaba sobre todo preocupado por menear sus caderas. También en esa época fue a un concierto de Marc Bolan junto a T. Rex, banda símbolo del glam rock. Cuando salió del recital pensó que ya nadie hacía rock "como Dios manda". En ese tiempo, tanto George como Malcolm estaban disconformes con sus grupos. Una luz brilló dentro de sus cabezas cuando en 1973 presenciaron un concierto de los Rolling Stones y entendieron la razón del descontento. Sus bandas habían perdido esa magia auténtica de tres acordes que lograban los Stones.

A fines de ese año se formó un nuevo grupo, aún sin nombre, con Malcolm en guitarra, Larry Van Kriedt en bajo, Colin Burgess en batería y el ex cantante de los Underground, Dave Evans. Malcolm propuso el ingreso de su hermano menor Angus lo que, luego de alguna resistencia, fue aceptado por el resto. En noviembre de 1973 adoptan el nombre AC/DC, palabra que vieron escrita en una vieja máquina de coser de su hermana Margaret, aunque otras versiones hablan de que dicha máquina era propiedad de la esposa de George. La sigla es la abreviación en inglés de la expresión corriente alterna/corriente continua, una buena forma de demostrar la fuerza que la banda quería tener.

El primero que se sorprendió fue el padre William, que auguró una corta vida al proyecto dado el carácter y las constantes peleas de sus hijos. George decidió ser una especie de consejero en las sombras. Tomó el lugar de la batería en un show, cuando un inoportuno desmayo atacó a Burgess. También compuso letras, intervino en la producción de álbumes y, más adelante, por un breve período, tocó el bajo en la banda. Era el respaldo que necesitaban sus hermanos menores. Malcolm ya era un sólido guitarrista. Su interés y destreza se fue desarrollando en la guitarra rítmica mientras tomaba para sí la función de organizador y sostén de la banda dejando a Angus la tarea de showman y guitarra solista.

El choque entre los hermanos Young y los otros músicos era frecuente. Luego de reemplazar al bajista y al baterista, en abril de 1974 AC/DC comenzó a crecer. Antes de una actuación en Sidney, se resolvió que cada miembro del grupo adoptaría un disfraz. Era una buena forma de llamar la atención para irse ganando un nombre. Cada uno eligió un atuendo y fue la hermana de Angus quien le propuso que se vistiera de colegial. Nunca más abandonó esa vestimenta que pasó a ser el símbolo de la banda. A los pocos meses, luego de un largo período de tensiones, Angus se tomó a golpes de puño con Dave Evans aprovechando una fuerte borrachera de éste y, luego de la pelea, los Young despidieron al vocalista. AC/DC, ya con la canción "Can I Sit Next to You Girl" en el mercado, se quedaba, por primera vez, sin cantante.

El largo camino. Bon Scott, vocalista australiano del grupo los Valentines, había escuchado "Can I Sit Next to You Girl" por la radio. Le gustó pero creyó que la banda tenía una cierta inclinación gay. Scott tenía fama de demente, buscapleitos y, sobre todo, gran bebedor. Desde los tiempos de los Easybeats, los Young se habían cruzado con él y habían congeniado. Cuando le propusieron entrar a la banda, rápidamente entendió que se llevaría bien con Angus, dado que compartía su ácido sentido del humor. Scott era admirador de Lenny Bruce y aportó a la banda un toque de desenfado y transgresión. En su primer concierto se enfrentó a cientos de fans que esperaban a Evans y les recomendó que perdieran toda ilusión de volver a ver al cantante. "La banda lo ha echado porque se ha casado". A poco de iniciar la actuación ya tenía el público en el bolsillo.

En 1974 ingresa el baterista Phil Rudd. A consecuencia de problemas con las drogas y enfrentamientos con Malcolm, lo despidieron en 1983. Más adelante fue perdonado y volvió a la banda. Aún con Mark Evans en el bajo, graban su primer gran éxito "It`s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock`n Roll)" ("Es un largo camino hasta la cima (si quieres hacer rock and roll)"). George sabía que Scott había pertenecido a un grupo de gaiteros y le pidió que ejecutara ese instrumento en la canción. Lo que no sabía era que solamente había tocado el tambor en esa banda. Scott puso su mejor esfuerzo hasta que logró ejecutar la parte de gaita que da un sonido particular al tema, aunque siempre le dio dolores de cabeza mantener la correcta afinación. Sus primeros álbumes tuvieron buena acogida y en 1976 firman un contrato con Atlantic Records que los impulsa internacionalmente. En 1977 despiden a Mark Evans, nuevamente por problemas con los hermanos Young, y se integra Cliff Williams, bajista de la banda hasta el presente. El futuro recién empezaba y parecía promisorio.

Sangre y sudor. En esos primeros tiempos la banda se fue consolidando en lo que serían sus principales características: rock duro y directo, sin demasiadas sofisticaciones, apoyado en los muchos riffs (frases melódicas distinguibles) que generaban Malcolm y Angus sobre una base rítmica con precisión de reloj suizo. Enfrentados al rock progresivo, exitoso en aquellos años, apegados a las raíces del rock y reivindicando su simpleza, AC/DC se sentía orgulloso de representar a la clase obrera. Sus letras evitaban cualquier trascendencia social o intelectualismo. Por ejemplo, "The Jack" es la forma que en lunfardo se denominaba a la gonorrea, enfermedad tan popular en esos días de sexo sin ningún tipo de prevención. En "Whole lotta Rosie" Scott relata la historia de una gorda groupie con la que tuvo una aventura sexual. Según declaraciones de los miembros de la banda, en una gira más de cien mujeres pasaban por sus camas.

Sus shows tenían una gran carga de adrenalina y excitación, lo que generaba una extraña comunión entre la platea y los músicos. Litros de sudor bañaban los cuerpos de los músicos, en especial de Angus, que no paraba con sus locas carreras y movimientos descontrolados de cabeza. El músico debía cambiar con frecuencia su clásica guitarra Gibson SG por otra del mismo modelo, o al menos cambiar varias de sus partes, por haberlas arruinado con su transpiración. Muchas veces el guitarrista se tomaba a golpes de puño con algún fan que le había arrojado una lata de cerveza u algún otro objeto como forma de festejar el famoso "paso de pato", copiado a Chuck Berry, que hacía mientras ejecutaba sus solos. Casi siempre, en algún momento del show, se bajaba los pantalones para mostrar su trasero al público.

Por aquellos años también el punk se enfrentaba a los grupos tradicionales. Nick Cave expresó que 1977 fue el año en que combatieron a las grandes bandas y "no vimos a AC/DC de nuestro lado. No se alistaron en la guerra contra los farsantes. Necesitábamos reclutas y ellos no aparecieron". Es cierto, la banda despreciaba el punk, al que Malcolm otorgaba el único mérito de haber terminado con los hippies pero, en contrapartida, varios seguidores del punk también gustaban de la música directa y el lenguaje crudo de AC/DC. A partir de ese año comienzan a tener éxito en Estados Unidos con los álbumes Let there be rock, Powerage y If You Want Blood You`ve Got It, hasta que en 1979 lanzan el disco que los consolida: Highway to Hell. El nombre del álbum es una especie de respuesta sarcástica a los rumores que existían sobre ciertas simpatías hacia prácticas satánicas. Una vez una chica le preguntó a Angus cómo se llamaría la próxima gira y él contestó: "Es una puta carretera al infierno. Es una gira de los AC/DC".

Durante el resto de ese año recorrieron Estados Unidos y Europa. Las ventas se dispararon y la banda comenzó a sentir que había llegado al lugar de privilegio que tanto había buscado. Para 1980 los planes eran acabar la gira en Reino Unido y luego comenzar a grabar el nuevo álbum. Había que aprovechar el momento. Todo hacía creer que AC/DC se convertiría en la banda de rock más importante del mundo. Hasta que, a fines de febrero de ese año, los Young recibieron la peor noticia. Habían encontrado a Bon Scott muerto dentro de un auto.

En Londres, el 21 de febrero de 1980, tal como era su costumbre, Scott salió a beber con amigos. No tomó mucho más de lo que usualmente bebía. Hay testigos de que mientras estaba en el último bar que visitó esa noche, el cantante se encontraba bien. Se retiró del lugar con su amigo Kinnear, que intentó dejar a Scott en casa de su novia, pero al no encontrar a nadie, resolvió llevarlo a su propio domicilio. Cuando arribó a su casa se dio cuenta de que el cantante estaba profundamente dormido. Dada su propia borrachera, a Kinnear le fue imposible sacarlo del auto. Resolvió dejarlo ahí para que durmiera y lo tapó con una manta, teniendo en cuenta el frío que hacía en esa noche de invierno. Al otro día, en medio de su resaca, Kinnear encontró el cuerpo sin vida de Scott en la posición que lo había dejado.

Nueva voz. Si se tratara de otra banda, la muerte de Scott hubiera significado el principio del fin. Con su clásica tozudez los Young sin embargo nunca barajaron esa hipótesis. Sabían que tenían que seguir pero no estaban muy seguros de cómo hacerlo. Se abocaron de inmediato a buscar otro cantante, pero las pruebas fueron tan interminables como decepcionantes. Todos los aspirantes parecían copiar a David Coverdale, cantante de Deep Purple y Whitesnake, al que los Young aborrecían. En medio de las audiciones una voz les llamó la atención. Brian Johnson, cantante de Geordie, la banda de Newcastle, tenía una potente y ronca voz, amaba el soul y el blues, era afecto a las bromas, le gustaba la cerveza y podía pasar horas jugando a los dardos en largas noches de pub. Parecía perfecto. Lo que nadie podía suponer era que, luego de esa incorporación, en pocos meses grabarían su mejor álbum.

De portada totalmente negra con letras en relieve, elección que causó múltiples problemas con el sello grabador, el nombre proyectado para el disco sorprendió a los colaboradores más cercanos. Cuando el productor Robert Lange se enteró, preguntó a Angus si no lo consideraba un poco siniestro. "No, porque es nuestro homenaje a Bon." Back in Black (1980) se constituiría en uno de los álbumes clásicos del rock. Era una excelente colección de canciones y un sentido tributo al compañero caído. El disco incluyó varios hits: "You Shook Me All Night Long", "Hells Bells" o la propia "Back in Black". Hasta el presente ha vendido más de cuarenta millones de copias y figura entre los discos más exitosos en ventas de la historia.

Desde entonces comenzaron las largas giras de promoción, donde el grupo acompañado por una gigantesca campana que, con enorme esfuerzo, colocaban en medio del escenario para que sonara en "Hells Bells". Johnson tuvo su bautismo de fuego en esos primeros recitales y pasó momentos difíciles al deber enfrentar el recuerdo de Scott en los temas clásicos de la banda. Había aprendido tantas canciones en tan pocos días que las letras se le mezclaban y tuvo un incidente con Malcolm cuando cantó dos temas diferentes con la misma letra. Con el correr de la gira su potente voz, su figura de peleador callejero y su clásica gorra pasó a ser un nuevo signo distintivo del grupo, tanto como los furiosos riffs de los hermanos Young, el loco baile de Angus o la perfecta sincronización de la base rítmica.

Fidelidad. En los últimos treinta años, AC/DC ha grabado una decena de álbumes. Si bien algunos de ellos no se encuentran entre lo mejor de su producción, siguen fieles a sí mismos. Nunca quisieron ser una banda progresiva ni de rock sinfónico, odiaron al movimiento glam y no se sintieron afines con el punk. En un momento se los quiso acercar al heavy metal pero también la respuesta fue tajante: "El heavy metal para nosotros siempre se trataba de cinturones con tachuelas y cueros y maquillaje y mechas en el pelo y mallas de lycra. ¡El heavy metal siempre fue una basura!", declaró Malcolm.

Aborrecer rótulos y buscar sus raíces dentro de la simpleza fue lo que los convirtió en originales. Todos sus integrantes reconocen, como compañeros de ruta y maestros, a aquella banda que George y Malcolm vieron tocar en Australia en el `73 y que les mostró el camino a transitar. Un cierto orgullo debió ganarlos cuando, en una conferencia de prensa, Keith Richards reconoció que admiraba el trabajo de los hermanos Young y aún más cuando, ante esa aseveración, un periodista le preguntó si se consideraba fan de AC/DC. Richards respondió con un lacónico "Sí, lo soy" pero Jagger completó la respuesta "¡Sí, y los escucho toda la puta noche!".

viernes, 8 de abril de 2011

Medio siglo de "Bomarzo".



MANUEL MUJICA Láinez nació en Buenos Aires en 1910 y murió en 1984 en su finca "El Paraíso", de Córdoba, Argentina. Fue el vástago de una familia ilustre cuyos ancestros llegaron hasta Juan de Garay, el fundador de Buenos Aires. De los 13 a los 15 años estudió en París mientras su familia viajaba por Europa. A los 22 años ya era redactor del diario La Nación, la voz de la oligarquía argentina, y en 1949 apareció su primer libro de relatos, Aquí vivieron, al que siguió un volumen precioso, Misteriosa Buenos Aires. Luego, tras una casi media docena de novelas que fueron afianzando su prestigio de narrador ameno y diestro, en 1962 dejó caer en el planeta literario el aerolito llamado Bomarzo. Ese mismo año aparecerá también (opacada por el triunfo clamoroso de la novela) su traducción de 50 sonetos de Shakespeare. A partir de ese momento, y hasta 1984, publicará nueve novelas más, la traducción de la Fedra de Racine, dos tomos de crónicas periodísticas y varios libros de cuentos, el último de ellos -titulado Un novelista en el Museo del Prado- el mismo año de su muerte. Pero, ni tan siquiera su canto de amor al Colón de Buenos Aires en el magnífico fresco El Gran Teatro, nada igualará ni sobrepasará el cénit que significa Bomarzo, aquella obra donde dejó su impronta indeleble de deicida, para asumir la terminología de Vargas Llosa.

MONSTRUOS Y DEFORMES. Bomarzo es una novela que de algún modo se inscribe en una tradición ya homologada por la crítica literaria, que arranca con El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde en 1886, o quizás incluso con Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, en 1831, y continúa con El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde (1891), Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand (1897), Orlando, de Virginia Woolf (1928), El enano, del premio Nobel sueco Par Lagerkvist (1944), y El tambor de hojalata, de Günter Grass (1959), publicada esta última tres años antes que la novela de Mujica Láinez. Esta es una línea de pensamiento muy rica en posibilidades de investigación: cómo es que la teratología, o sea la especialidad que estudia las causas de las malformaciones, se convierte en cantera literaria. Pero no por el procedimiento de la sátira inventora de criaturas quiméricas, como en el Gulliver de Jonathan Swift, o la novela gótica con ribetes científicos, al estilo del Frankenstein de Mary Woolstonecraft Godwin, la esposa de Shelley, y ya en el siglo XX la variante esotérica representada por El Golem de Gustav Meyrink.

El tema es que se le dé protagonismo humano, demasiado humano, a lo teratológico nuestro de cada día, al monstruo y al deforme, dos categorías distintas y no por cierto siempre homologables. Una obra de teatro de Buero Vallejo, Casi un cuento de hadas, propone la solución dual del monstruo deforme, el príncipe Riquet el del copete, interpretado por dos actores, uno caracterizado como de mala constitución física, cargado de espaldas y pavoroso; y el otro hermoso y gallardo.

EL HIJO DE SU TIEMPO. Cabe preguntarse por qué necesitó el autor recargar a Bomarzo con tanto lastre historiográfico. No tenía necesidad alguna de demostrar que era un conocedor de la época. Y el narrador, Pier Francesco Orsini, tampoco tiene necesidad alguna, cada vez que se tercia, de andar repitiendo que no se exculpa ni justifica, porque en su época las cosas sucedían así. Basta imaginarse unas hipotéticas memorias de César Borgia, en las que a cada instante se lavase las manos de sus crímenes disculpándose con que eran cosas de esos tiempos. Si Mujica Láinez hubiera estado seguro de su personaje, no lo habría hecho reivindicarse tantas veces "hijo de su tiempo", de ese modo retórico que lo hace: los lectores de Bomarzo lo percibirían a más tardar tras el asesinato de su paje. Como perciben el latido de la Francia profunda los lectores del díptico de Heinrich Mann sobre Enrique IV, mediante la mera mención de sucesos. El fresco de Mujica Láinez recuerda más El bosque de la larga espera, de la neerlandesa Hella Haasse, su obra capital sobre la vida del rey poeta Carlos de Orléans: polícromo, vistoso... y plano, plano como un gobelino. Siendo así que a Bomarzo le habría convenido mejor un bajorrelieve.

CERVANTES Y PEDRO DE MENDOZA. Es conveniente contar lo incontable, es decir, el argumento de Bomarzo. Porque en rigor no lo hay. Es un relato narrado en primera persona por el segundón del Ducado de Bomarzo, el giboso Pier Francesco, quien accede al título y a las posesiones ducales gracias a que el primogénito, y por tanto mayorazgo, muere en circunstancias que son indirectamente imputables al protagonista. Todo el relato se reduce a una relación puntual -demasiado recargada- de la vida de este Orsini, familiarmente llamado Vicino, y de las intrigas y los crímenes que siempre lleva a cabo por interpósita persona, para alcanzar sus fines. Es decir, un hombre renacentista, poeta y traductor del latín, bisexual, armado caballero por el emperador Carlos V en Bolonia, y espectador participante en la batalla de Lepanto, poco después de la cual, y cuando decide retirarse a llevar una vida de eremita, lo envenenan: un destino muy renacentista.

Antes de la batalla, en Nápoles, conocerá a un camarero del cardenal Aquaviva y Aragón, un tal Miguel de Cervantes, que le regala un libro de Garcilaso. Y en Bolonia, por cierto, cuando acude allá a la coronación del emperador, Pier Francesco conocerá a don Pedro de Mendoza, de la casa del Infantado, y en la página 253 del relato deja dicho algo que actuará como boomerang sobre su artificio narrativo: "Algunos años después supe que había fundado una ciudad, Buenos Aires, por los extremos australes de América".

Hay una errata imperdible en este párrafo cuando concluye diciendo que "se le distinguía la calidad en los desmanes", en vez de decir que se le notaba la nobleza en sus ademanes. Así se lee en la edición de Seix Barral, Barcelona, 2009, 4ta. reimpresión.

EL "YO" DE LA NOVELA. El narrador, Pier Francesco Orsini, el giboso heredero del señorío de Bomarzo, nacido en 1512 y muerto en 1572, un personaje arquetípico de la clase noble italiana del siglo XVI, es una falacia narrativa, y a nuestro modo de ver Mujica Láinez no estaba tan seguro de ese personaje suyo. En la penúltima página de la novela, cuando él mismo describe su muerte (y ya eso debería abrir los ojos), hace punto y aparte a un nuevo párrafo y escribe: "Yo he gozado del inescrutable privilegio, siglos más tarde -y con ello se cumplió, sutilmente, la promesa de Sandro Benedetto [quien diseñara su horóscopo], porque quien recuerda no ha muerto-... Yo he gozado del inescrutable privilegio, siglos más tarde, repito, de recuperar la vida distante de Vicino Orsini, en mi memoria, cuando fui hace poco, hace tres años, a Bomarzo, con un poeta y un pintor, y el deslumbramiento me devolvió en tropel las imágenes y las emociones perdidas". Y continúa: "En una ciudad vasta y sonora, situada en el opuesto hemisferio, en una ciudad que no podría ser más diferente al villorrio de Bomarzo, tanto que se diría que pertenece a otro planeta [es obvia la referencia a Buenos Aires], rescaté mi historia, a medida que devanaba la áspera madeja viejísima y reivindicaba, día a día y detalle a detalle, mi vida pasada, la vida que continuaba viva en mí". Y concluye: "Así se realizó lo que me auguró en Venecia, por intermedio de Pier Luigi Farnese, una monja visionaria de Murano, a quien debo esta profecía que ninguno de nosotros entendió a la sazón y que atribuimos a su mística locura: `Dentro de tanto tiempo que no lo mide lo humano, el duque se mirará a sí mismo`".

La lectura atenta de este párrafo dice que el narrador de esta novela no es Pier Francesco Orsini, sino Manuel Mujica Láinez, y el hecho de que la novela la publicase Mujica Láinez no convierte lo dicho en una verdad de Perogrullo. Porque lo cierto es que Mujica Láinez estuvo por primera vez en Bomarzo el día 13 de julio de 1958, acompañado por el pintor Miguel Ocampo y el poeta Guillermo Whitelow, como lo dice expresamente en la dedicatoria del libro. De manera que el "Yo" del párrafo que acabo de citar es él, Mujica Láinez, y lo que intenta, por medio de ese ardid de carpintería narrativa, es vender la superchería de que en su interior habitaba la memoria del duque de Bomarzo, y que el deslumbramiento que siente en su jardín etrusco es el que pone en marcha esa singular búsqueda suya de un tiempo perdido. Pero de un tiempo perdido en el que no faltan referencias tan anacrónicas, para alguien que vivió en el siglo XVI, como por ejemplo la figura de Paulina Bonaparte y el paralelo personal que hace con el contrahecho Toulouse-Lautrec, o haber leído un poema de Victoria Sackville-West, o la existencia de países comunistas, para mencionar nada más que estos botones de muestra: todas esas referencias pertenecen a la memoria de Mujica Láinez, no a la de Pier Francesco Orsini.

Por lo cual se vuelve un tanto penoso el recurso decimonónico del que echa mano con tanta frecuencia en el relato: "Quizás no haya olvidado el lector", "como ya he escrito y repito para que se entienda bien", "Como éstas son las memorias sinceras [aquí nos podemos permitir una sonrisa de complicidad] de un señor cautivo del Diablo y no una novela pornográfica", "Que el lector no refunfuñe y trate de comprenderme", etc., todas las cuales se vuelven obsoletas y como parches superfluos cuando en la página 273 se lee, a propósito del horóscopo donde se le vaticinaba que iba a vivir eternamente: "Aquí estoy yo, vivo, en mi casa, escribiendo en mi biblioteca, para atestiguar que por lo menos en un caso, sensacional por su única rareza, los que escrutan el cielo y coordinan su posición con el destino de los hombres, son capaces de deducciones sorprendentes". Con ello se llega al regreso del boomerang antes mencionado, porque el escenario -la biblioteca de Bomarzo- no es precisamente la "ciudad vasta y sonora, situada en el opuesto hemisferio" y "que no podría ser más diferente al villorrio de Bomarzo", pero donde sabemos, por el propio narrador, que se escribieron tales memorias.

La conclusión es que el horóscopo sobre la vida eterna de Pier Francesco Orsini es el emblema oculto de una orgullosa convicción interior de Mujica Láinez: el personaje creado por él iba a ser todo lo inmortal que se puede ser en el mundo de la literatura, o al menos de la latinoamericana, y de ser ello cierto, la predicción no andaba muy equivocada. El Duque de Bomarzo quedó anclado en el reparto de los personajes claves de esa literatura, empezando por el Tirano Banderas y don Segundo Sombra, siguiendo por Doña Bárbara y Arturo Cova, y yendo a concluir con Pedro Páramo, el doctor Díaz Grey, el coronel Aureliano Buendía y La Maga.

Cuestión de acentos
MANUCHO, como todo el mundo lo llamaba en Argentina, "escribió sus apellidos sin acentos y así publicó todos sus libros". Pero a los efectos de la fonética es evidente que no importa si publicó todos sus libros con sus apellidos sin acentos, sino cómo era que él mismo los pronunciaba o cómo los pronunciaban los demás, puesto que la escala abarca desde el Mújica Lainéz hasta el Mujíca Laínez pasando por el Mújica o Mujica Láinez, e incluso el Mújica Laínez, como lo llama dos veces José Donoso en su Historia personal del "boom". (Había además una variante jocosa, alusiva a su condición homosexual: La Inés Mujica, pero de sobra sabemos cómo es de miserable el mundo de los artistas; basta recordar el comportamiento de Quevedo, comprando la casa donde vivía Góngora, para darse así el gusto de desahuciarlo).

Con Lezama y Donoso
SI ALGUIEN abordara la tarea de leer en paralelo Bomarzo y Paradiso, de Lezama Lima, comprobaría que sus textos no tienen nada en común, sino un par de nombres idénticos que salen a relucir en ambas novelas. Dos de esos nombres son Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán, y don Juan de Austria. Algunos otros más adelante los del concilio de Trento e Hipólito del Este con su célebre escalinata; Leonardo da Vinci y César Borgia; la región de Etruria (donde se asienta el territorio del ducado de Bomarzo) y Benvenuto Cellini, de quien será amigo Pier Francesco; y en fin, el linaje de los Austria (que Lezama Lima llama los Habsburgo) y el libro Il Cortigiano, de Baldassare Castiglione. Hay asimismo alguna frase en Paradiso que, sin cambiarle ni una coma ni un acento, podría figurar congruentemente en Bomarzo. Pero el descubrimiento mayor que puede hacerse releyendo estos libros sería recordar el jardín de los monstruos -en este caso de carne y hueso- de La Rinconada, en El obsceno pájaro de la noche de José Donoso, que es de 1970, de manera que la lectura de Bomarzo (suponemos que la leyó, y desde luego la menciona en su Historia personal del "boom") debe de haberle inspirado alguna que otra imagen.

lunes, 28 de marzo de 2011

Jessye Norman Colmô Bellas Artes.



Canto social, spirituals, blues, canto scat, el arte improvisatorio, homenajes a Ella Fitzgerald, a Nina Simone, a la vida. El recital de Jessye Norman la noche del sábado en Bellas Artes no solamente la confirma como la cantante máxima del orbe: su ancha gama canora escancia una loa interminable, una cantilación de embrujo que enamora.

Encandilado en el contexto de su reciente disco, el álbum doble titulado Roots: my life, my song, la soprano afroamericana escanció el esplendor de su arte. A sus 65 años, elige como autobiografía el canto reivindicativo de sus intereses sociales: los derechos humanos, la hermandad y poderío de la cultura africana, pero sobre todo una manera de decir.

No fue entonces un recital de lied, una colección de arias. Tampoco un jolgorio de canciones. Fue, en cambio, una sucesión pasmosa de obras de arte en canto.

Acompañada por el excelso pianista Mark Markham, puso en vida obras de Leonard Bernstein, Rodgers y Hammerstein, George Gershwin, Duke Ellington y piezas tradicionales de señorío y poder, tanto anímico como de contenido.

En la obra de apertura: Somewhere, de la ópera West Side Story, de Leonard Bernstein, su voz llenó el espacio hasta la última molécula. No hay resquicio, rincón, fibra centesimal que no vibre con estos graves profundos, estas elevaciones de tono, tesitura y volumen que arrasan como el viento cálido y esparcen polen.

Tres minutos, tan sólo tres minutos le bastaron para apoderarse de la noche entera. Brazos en alto, esta imagen morena de La Victoria de Samotracia emblematiza la concreción de la belleza surgida de la inmensidad. Versión en magenta y moreno de El nacimiento de Venus, con sus olas, con sus velos.

Amaciza el instante de lo sublime el clásico de Rodgers y Hammerstein: You’ll never walk alone y encadena, en una sucesión ordenada y natural de toda la velada, una pieza lenta con otra rítmica: But not for me, de esa obra maestra de Gershwin titulada I got rhythm.

Termina el primero de cuatro bloques del programa. Sale a descansar cuatro minutos y cuando vuelve despierta el suspiro, esa forma tan luminosa de suspirar que tienen las constelaciones con otro tesoro de gershwiniana autoría: The man I love.
La manera en que dice Jessye Norman cada sílaba, la forma tan insólita de frasear –como el ritmo vaporoso de los pétalos cuando una flor extiende sobre el césped sus faldas color de rosa–, su encadenamiento prosódico de hada convierte estas canciones tan conocidas en obras nuevas, secretos develados, auroras boreales.

Ese fraseo, esa respiración redonda, ese géiser de polen y de maravillas mil, la hacen sencillamente insuperable. Única. Irrepetible.

Sobre todo cuando escala, con esa voz tan poderosa, ese abismo bello y cavernoso, tan lleno de gracia vegetal, todas las montañas, literalmente: Climb ev’ry mountain, otra gema de la pareja insondable Rodgers-Hammerstein. Y culmina con una tragedia de Eurípides traspolada al mundo de la esclavitud: My man’s gone, de otra ópera capital: Porgy and Bess.

La segunda parte del programa cumplió a cabalidad los anhelos de su título: “Celebración del musical estadunidense. Un tributo a los grandes”. Desfilaron entonces himnos representativos de las luchas sociales que libraron Odetta: el estremecedor tam-tam-treno-réquiem-duelo-música fúnebre e indignada: Another done gone man; Lena Horne: blues enorme, sorprendente: Stormy weather como nunca nadie lo había dicho antes, como tampoco nadie había respirado de tal forma el verano ardiente del Summertime de Gershwin. Y un momento culminante: My babe just cares for me, con algo superior al pasticcio: el traer al mundo de los vivientes a otra semidiosa, encarnada: Nina Simone en el cuerpo y la garganta y el alma en vilo de la señora Jessye Norman.

Última estación: el tren de Duke Ellington hace su arribo vaporoso: una sucesión encadenada cuasi fílmicamente de tres momentos de swing y agua ebullente. Al terminar, todos en vuelo, hubo dos piezas de regalo: el glorioso spiritual He’s got the whole world in his hand y, la cereza en el pastel: Jessye Norman se sienta al piano para encender las primeras notas de Amazing grace.

jueves, 24 de marzo de 2011

El lamento del "poeta".



El "poeta" Joaquín Sabina, aquel de: Lo nuestro duró / lo que duran dos peces de hielo/ en un güisqui o­n the rocks, conmovido sobremanera por los narcodólares de Miami, le contó a El Nuevo Herald la pena que lleva en el corazón.

"Yo amo mucho la isla [de Cuba], menos que los exiliados cubanos que la aman más que yo, pero la amo mucho y vivo todas las contradicciones que vive esa isla, que últimamente está siendo algo muy parecido a un tremendo fracaso histórico''.

El autor de “Postal de La Habana'', esa que habla de “un mundo al revés, en el que en cada bicicleta caben tres'', disertó acerca de la izquierda europea, sobre aquello que había detrás del muro de Berlín, y recordó su juventud.

"La gente de izquierda en España y en Europa nunca compartimos nada de lo que pasaba detrás del muro de Berlín, porque los considerábamos un horror. La revolución de nuestra juventud fue la cubana, y hemos vivido eso como una emoción y también como una tragedia desgarradora durante muchos años''.

Sabina también confeso sentirse incomprendido por mucha gente.

"Hay mucha gente que sólo toma una frase o la caricatura de ti, y cree que eres de una sola pieza y no sabe que uno tiene muchísimas piezas '', apuntó, indicando que se le caricaturiza "cuando se piensa que soy un borracho, drogadicto que sale por la noche de un burdel con un cigarrillo en la boca, o que soy un izquierdista comunista, y no se piensa que un tipo así no podría haber escrito 10 libros, 500 canciones y estar haciendo giras todo el tiempo''

Bueno hasta aquí la dejamos porque, como el "bardo" es mala copa, se puso pesado y empezó ha decir que su trabajo es dignificar un poquito la palabra hablada , etc.

Un, dos, tres, lo nuestro duro....

domingo, 20 de marzo de 2011

Tras la pista de un recuerdo.



Por herencia familiar primero, e inquietud profesional después, Andrés Pardo (33) le tiene gran cariño al viejo formato Súper 8. Por naturaleza, también es "cachivachero". Todo eso conspiró para que, hace un lustro, este editor audiovisual uruguayo radicado en México desde 2003 adquiriera en un "tianguis" (algo así como una feria callejera de antigüedades) cinco rollos de películas caseras en las que una niña llamada Larisa resultaba ser la protagonista.

Un hecho tan simple como ese le disparó una serie de preguntas, de las obvias y de las otras: ¿Qué pasó con esa niña?, ¿por qué deshacerse de esas filmaciones de momentos felices?; basándose en registros familiares, ¿cómo se construye el recuerdo?, ¿qué función tienen esas pequeñas películas en la construcción de la sociedad y la identidad colectiva?

Esas preguntas son el origen del documental Buscando a Larisa, primer opus cinematográfico de Pardo. Para esa empresa, aún en construcción, alistó a su amigo, el fotógrafo Santiago Cassarino (34), también uruguayo, también radicado en México desde 2003, y también inserto en el mundo audiovisual. Dos horas de imágenes de una niña rubia, enrulada, "simpática, divertida y muy expresiva frente a la cámara de su papá", se transformaron en la materia prima y el motor de la idea. Son recuerdos felices que por algún motivo alguien decidió que terminaran en una feria de antigüedades, olvidados, abandonados.

Hay algo de autobiográfico en esta quijotada de andar indagando en historias ajenas y pasadas. Al igual que Larisa, Andrés supo ser protagonista de películas caseras en Súper 8 filmadas por su padre (ver nota aparte). Tal vez haya en él algún ánimo de redención. "Me da mucha lástima ver ese tipo de objetos por ahí. A veces en broma digo que alguien tiene que guardar estas cosas. Lo que más me interesó es la actitud de Larisa frente a la cámara. Siempre sabe que la están filmando y tiene una postura casi `performática` que le sale muy bien. Además de que (las filmaciones) son casi de una década, desde 1972 a 1980. Está la boda del tío Heber, vacaciones, los días de trabajo de su papá, los viajes en una combi, el baño en las cascadas de agua blanca; está todo ahí, una memoria familiar de diez años, filmada con pericia, además", dice el director a través de un correo electrónico.

Pardo define al contenido de los rollos que dieron pie a Buscando a Larisa como "motores de identidad". Lo explica: "Nos muestra lo que éramos y en base a eso podemos descubrir lo que somos". Eso dio pie a las preguntas que le sirven de guía. La sinopsis escrita del documental se explaya: "Con el pretexto de buscar a Larisa iremos redescubriendo nuestra propia historia. Veremos que el cine familiar no es como se piensa un simple e irrelevante compendio de momentos del pasado. Invitamos al espectador a recordarse a sí mismo y a sentirse nuevamente con ganas de permanecer en el tiempo, de no olvidar y de recuperar las memorias perdidas".

proceso. El documental aún está en la etapa de elaboración. Para fines de abril piensan culminar las entrevistas. Se han contactado con antropólogos, buceando en los significados de registrar los momentos felices. Han buscado en el Archivo General de la Nación mexicano. Piensan viajar al Estado de Tabasco, donde fueron grabadas la mayoría de los recuerdos de Larisa. El nombre de algunos familiares y de otras instituciones que aparecen en las filmaciones son pistas que alimentan lo que sería la frutilla en la torta de este proyecto: encontrar a la protagonista.

"No sabemos si está viva, esperamos que sí. El rollo más viejo donde aparece Larisa es del `72 y se la ve como de dos años. Así que asumimos que es del `70, así que tiene unos 40 años".

Pardo y Cassarino arrancaron las filmaciones en septiembre de 2010. Para abril calculan que terminarán las entrevistas; la postproducción, para septiembre. ¿El estreno? "Ni idea". Buscando a Larisa será presentada al Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine, "que es como el FONA uruguayo"), buscando apoyo económico, hay intención de enviarla a festivales, no se descarta llevarla a la televisión.

¿Y si aparece? Una eventual aparición de Larisa sería una revolución. De ella, no tienen ni el apellido. Los anzuelos que arrojaron hasta ahora no han dado pique. Se tienen fe para su visita a Tabasco. Suponen que su padre es ingeniero civil, creen que su tío es egresado del Instituto Politécnico Nacional. Con sus fotos y los registros de los centros educativos, piensan buscar una aguja en un pajar. Curiosamente, el hallarla también significaría una incógnita, reconoce Pardo.

"Si no la encontramos, estamos trabajando en una línea narrativa y que la película se estrene igual. Y si la encontramos todo tendría que ser muy rápido: la edición, la postproducción y todo para llevarla a las salas". En este último caso, ¿qué pasaría con ella? "No sé lo que puede llegar a suceder. Esperemos que se ponga feliz y que acepte ser parte del documental. Entre otras cosas le queremos regresar sus rollos. Son de su familia y con ella deberían estar".

Lo particular del proyecto ya les valió un artículo en el diario Reforma que repercutió en otros portales noticiosos locales e incluso en la página de Imcine. También se creó un sitio en Facebook y un pagina web: www.buscandoalarisa.com. Según Pardo, a modo de respuesta han obtenido elogios, sorpresa, "y alguna que otra crítica, sobre que no está bien meterse en la vida de los demás...".

En el artículo publicado en Reforma, le preguntaron a Pardo si no consideraba a su documental "un tanto" voyeurista. "Sí, pues sí, pero no malicioso. Voyeurismo como el que existe hoy en Facebook, cuando alguien se pone horas a mirar fotos de desconocidos", respondió. Y agrega: "Pues, los documentales de eso se tratan, ¿no? De vidas ajenas".

domingo, 13 de marzo de 2011

El traje del prisionero.



El Buche, el cerillero, llegaba antes que nadie a la estación de al-Zagazig cuando iba a pasar el tren. Recorría los andenes incomparablemente ligero, ojeando a los clientes con sus ojos pequeños y expertos. Si alguien hubiese preguntado al Buche por su trabajo, el Buche habría echado pestes de él. Porque el Buche, como la mayoría de la gente, estaba harto de su vida, descontento con su suerte. Si hubiese sido dueño de elegir, hubiera preferido ser chofer de algún rico y vestir ropa de effendi y comer lo mismo que el bey y acompañarle a sitios selectos en todo tiempo, una manera de ganarse la vida que parecía diversión, placer. Tenía además otros motivos particulares y razones sutiles para desear un trabajo como aquel; lo deseaba desde un día en que vio cómo el Fino, el chofer de uno de los Importantes, paraba a la Nabawiyya, la criada del comisario, y la requebraba, descarado y seguro. Incluso, una vez, oyó que le decía frotándose las manos, satisfecho: "Pronto vendré con el anillo..." Y vio que la joven sonreía con arrumaco mientras levantaba el borde de la milaya como si lo estuviese arreglando (lo que quería es que se viera su pelo negrísimo y abrillantinado). Vio aquello y el corazón se le inflamó y los celos lo mordieron dolorosamente; los ojos de ella eran sus dolores y sus enfermedades. La siguió a poca distancia y en una calleja le salió al paso aquí y allí e hizo volver a sus oídos lo que le había dicho el Fino: "Pronto vendré con el anillo". Pero ella torció la cabeza, frunció la frente y dijo desdeñosa: "Mejor cómprate unos zuecos". Y él se miró los pies como si fueran una sima de significados misteriosos, su galabeyya sucia, su taqiyya mugrienta y se dijo: "Éste es el motivo de mi miseria y el ocaso de mi estrella", y envidió al Fino, su trabajo y su suerte... Sólo que estas esperanzas, en lugar de apartarle de su oficio le hacían enfrascarse en él con mayor afán y satisfacer sus esperanzas con sueños.


Aquella tarde subió a la estación con su caja a atender al tren del crepúsculo que todavía no era más que una nube de humo en el horizonte, pero que avanzaba, se acercaba. Ya se distinguían las distintas unidades y se percibía el estrépito; ya está parado junto a los andenes... Al lanzarse a los vagones vio el Buche con sorpresa que en las puertas había centinelas y que por las ventanillas asomaban caras extrañas con ojos ausentes, rotos. Preguntó y le enteraron de que eran prisioneros italianos que habían caído a montones en manos del enemigo y que les conducían a campos de concentración.


El Buche se quedó perplejo pasando los ojos por los rostros polvorientos, y luego le tomó la desilusión; cuando estuvo cierto de que aquellas caras pálidas, hundidas en la miseria y la necesidad difícilmente podrían saciar su ansia de cigarrillos... Se dio cuenta de que devoraban su caja y les repelió con una mirada irritada y desdeñosa. Pensaba darles la espalda y volver por donde había venido cuando oyó que una voz le gritaba en árabe con acento europeo: "cigarrillos". Le echó una mirada sorprendida y desconfiada, luego frotó el dedo índice con el pulgar: "¿hay dinero?". El soldado comprendió y contestó afirmativamente con la cabeza. El Buche se acercó cauteloso y se detuvo fuera del alcance de las manos del soldado, El soldado se quitó calmosamente la guerrera y le dijo mostrándosela: "Este es mi dinero". El Buche quedó deslumbrado y escudriñó la guerrera gris con botones dorados entre sorprendido y ávido. Le había ganado el corazón, pero como no era un cándido ni un palurdo disimuló lo que se había levantado en él para sacar ventaja de la avidez del italiano. Con estudiada parsimonia exhibió una cajetilla y extendió el brazo para recoger la chaqueta. El soldado frunció la frente y le gritó: "¿Una cajetilla por la guerrera?... ¡Diez!" El Buche dio un respingo y se echó para atrás; su deseo recedió. Iba a irse por otro lado, pero el soldado le gritó: "Una cosa razonable... nueve... ocho..." El Buche sacudió la cabeza negando tercamente. "Entonces, siete." Pero él sacudió la cabeza como antes y fingió que se iba. El soldado se dio por satisfecho con seis y luego bajó a cinco. El Buche hizo un gesto con la mano: nada que hacer. Se volvió hacia un banco y se sentó. El soldado le gritó enloquecido: "Ven... me conformo con cuatro..." Ni se dio por aludido, y para demostrar su falta de interés encendió un cigarrillo y se puso a fumar paladeándolo pausadamente. La desazón del soldado aumentó, se puso rabioso, parecía que el único fin de su existencia era conseguir cigarrillos. Bajó su demanda a tres, luego a dos. El Buche siguió sentado, dominando sus violentas ganas y su dolorosa impaciencia. Pero cuando el soldado hubo bajado a dos no pudo evitar un movimiento delator. El soldado, nada más verlo, extendió la mano con la guerrera: "Toma", y el Buche no tuvo más remedio que levantarse, acercarse al tren, recoger la guerrera y dar al soldado las dos cajetillas. Escudriñó la guerrera con ojos alegres y satisfechos y rompió sus labios una sonrisa triunfante. Dejó la caja en el banco y se puso la guerrera y la abotonó. Le quedaba ancha, pero no le importó.


Estaba maravillado, feliz. Recogió la caja y empezó a cortar el andén orgulloso, transportado. Evocó la imagen de Nabawiyya envuelta en su milaya y murmuró: "Si me viese ahora". Sí, a partir de ahora no me evitará ni me apartará la cara con desdén, y el Fino no tendrá motivo de qué presumir delante de mí. Aquí recordó que el Fino llevaba uniforme completo, no una simple guerrera. ¿Cómo conseguir los pantalones? Caviló un tiempo, luego echó una mirada de inteligencia a las cabezas de los prisioneros que asomaban por las ventanillas del tren. El deseo le jugaba en el corazón y le inquietaba el alma cuando casi la tenía satisfecha. Se lanzó al tren pregonando decidido: "Cigarrillos, cigarrillos. Un pantalón la cajetilla si no hay dinero. Un pantalón la cajetilla". Repitió el pregón por segunda y tercera vez. Temiendo que no comprendiesen lo que pretendía, señaló la guerrera que llevaba puesta y mostró una cajetilla. Su gesto produjo el efecto apetecido: un soldado no vaciló en quitarse la guerrera. El Buche corrió hacia él y le hizo gestos de que fuese despacio y le indicó los pantalones. El soldado se encogió de hombros desdeñoso, se quitó los pantalones y el cambio se completó. La mano del Buche se engarfió en los pantalones; casi volaba de gozo. Volvió al banco de antes y se puso los pantalones en un santiamén: estaba hecho todo un soldado italiano... ¿o le faltaba algo?... Era una auténtica pena que estos soldados no llevaran tarbús... ¡Pero llevan botas! Las botas le son indispensables para estar a la altura del Fino, que le amarga la vida. Cargó con la caja y se abalanzó al tren gritando: "Cigarrillos... un par de botas la cajetilla". Como la otra vez, se ayudaba de gestos... Pero antes de que diera con un cliente el tren hizo oír su pito; iba a arrancar. Se produjo una ola de agitación entre los centinelas. El manto de la sombra había cubierto los rincones de la estación; el pájaro de la noche planeaba en el espacio. El Buche se detuvo desconsolado, en los ojos una mirada de aflicción y rabia. Cuando el tren se puso en marcha le vio el centinela del vagón delantero y la exasperación apareció en su cara. Le gritó, primero en inglés, luego en italiano: "Sube ligero. Tú, preso, al tren". El Buche no entendió lo que decía y quiso consolarse remedándole, seguro de que no podía hacerle nada. El centinela gritó otra vez mientras el tren se alejaba lentamente: "Sube, te lo advierto, sube". El Buche apretó los labios desdeñoso y le volvió la espalda dispuesto a marcharse. El centinela crispó el puño que esgrimió amenazante, apuntó su fusil contra el inocente Buche y disparó. A la detonación, que atronó los oídos, sucedió un grito de dolor y de espanto. El cuerpo del Buche perdió el movimiento, la caja se le cayó de las manos y se desparramaron las cajetillas de cigarros y cerillas. Luego, la cara del Buche se mudó en la de un cuerpo exánime


Naguib Mahfuz, egipcio (1911-2006) fue el primer escritor de lengua árabe en recibir el Premio Nobel de Literatura, en 1988. Algunas de sus numerosas obras son “Entre dos palacios” (2006), “El café de Qushtumar” (2001), “Ecos de Egipto. Pasajes de una vida” (1997).

martes, 1 de marzo de 2011

La batalla de Argel.



Este es el título de una película dirigida por el cineasta italiano Gillo Pontecorvo, filmada y estrenada en 1965 que obtuviera el León de Oro en el Festival de Venecia.

En la misma se narra, con gran dramatismo, el intento del ejército francés dirigido a derrotar al Frente de Liberación Nacional argelino usando para ello la "técnica represiva" del secuestro-tortura indefinida y desaparición de persona en la que luego, muchos años mas tarde, "entrenaran" a los oficiales del ejército argentino.


Años antes un periodista francés-Henri Alleg, integrante del Partido Comunista de ese país, había descripto en un libro que titulara "La Question", traducido aquí como "La Tortura", los tratos crueles y aberrantes que había sufrido en Argel, ejecutados por oficiales de las fuerzas armadas de su país dirigidos por el General Masu que lo acusaban de colaborar con la resistencia argelina.


De que país estamos hablando. Veamos.


La Republica Argelina Democrática y Popular -denominación que adoptó luego de la liberación- tiene una superficie de 2 millones trescientos mil kilómetros cuadrados, con una población de casi 35 millones de habitantes, de los cuáles el 60 % vive en las ciudades. Con una desocupación que alcanza al 22 % de su población activa, el producto bruto por habitante es de 4. 400 dólares, la expectativa de vida llega a los 74 años y la mortandad infantil es de 24 por mil. El 99 % profesan la religión musulmana-sunita. Los idiomas oficiales son el árabe clásico y el tamazigt o bereber.


Tiene importantes reservas petroleras, que lo convierte en un país rico con una población pobre.


Hoy, como en la mayoría de los países árabes, se desarrollan grandes movilizaciones en sus principales ciudades Argel -su capital -, Orán y otras que reclaman mayor libertad, y un reparto mas equitativo de la riqueza.


Pero cómo comenzó esta historia.


Hasta 1830 Argelia era un país libre. Fue la segunda nación, después de la República de Haití, en reconocer a la Junta de Mayo, que iniciaba la lucha independentista en nuestra Patria, en 1810.


Gran productor de trigo, a fines del siglo XVIII vendió, al Gobierno Revolucionario de Francia y luego a Napoleón Bonaparte, gran parte de su producción.


Ante la imposibilidad de lograr el pago, en mayo de 1830 el Rey Hussein exigió que se saldara la deuda y en la entrevista con el Cónsul francés, en el medio de la discusión, le pegó a éste con su abanico.


Esta fue la excusa que utilizó el monarca francés para que, a los pocos días, desembarcaran en esta nación una contingente militar de 40 mil hombres, que habían embarcado en el puerto francés de Tolón.


Esta expedición colonialista fue financiada por la Banca Rothschild, con 100 millones de francos.


La resistencia se empezó a organizar bajo el liderazgo de Abdel Kader, frente a los crímenes de los ocupantes, que invadían y asesinaban a las poblaciones indefensas y habían confiscado 5 millones de hectáreas para ser entregadas a colonos franceses.


En 1847 este dirigente independentista fue detenido y desterrado a Siria, donde falleció en 1883.


Durante la segunda guerra, y ante la invasión alemana a Francia, el General Charles De Gaulle que organizaba la fuerza militar francesa, ofreció a los colonizados argelinos que participaran de esta, y que obtenida la derrota de Hitler, modificaría el status colonial de Argelia.


Ahmed Ben Bella, un joven hijo de campesinos bereberes, junto a Hoauri Boumedienne y varios cientos de argelinos, aceptaron la propuesta, y tuvieron un desempeño importante en los combates en el territorio europeo, y en particular en Italia. Recibiendo, el primero, de manos del que luego ocuparía la presidencia de Francia, la Cruz de Plata.


Finalizada la contienda las promesas se desvanecieron por lo que en 1954 se constituyó el Frente Nacional de Liberación que inició la lucha por la liberación, para terminar con el colonialismo.


Pese a la atrocidad de la represión -que incluyó el uso sistemático de la tortura, la destrucción de 8 mil aldeas, el asesinato de mas de un millón de civiles y el despliegue de mas de 500 mil soldados para defender la "argelia francesa" y a los "pied noirs, los colonos franceses- la combatividad argelina obligó a De Gaulle a firmar los acuerdos de Evian, en 1962, que establecían un alto al fuego y la realización de un referéndum para determinar si era mayoritario el sentimiento independentista.


En la metrópoli numerosos intelectuales como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, y Agnes Varda, entre otros, reclamaban el cese de la represión y de la ilegal ocupación.


En 1961, miles de argelinos se habían volcado a las calles de París reclamando la independencia de su Nación. Ese 17 de octubre 250 de ellos fueron asesinados -algunos colgados en los Champs Elisses y otros ahogados en el Sena por las fuerzas de seguridad de la Nación gala-.


Por su lado los casi 14 mil detenidos fueron sometidos a tratos crueles, y aberrantes en las mazmorras del Servicio de Inteligencia ubicadas en Saint Germain de Press.


A su vez en el período que transcurrió entre la firma de los acuerdos y el plebiscito, y, bajo la pasividad del Gobierno de Francia, mas de 20 mil civiles y combatientes del FLN, fueron asesinados por la OAS, organización paraestatal dirigida por el General Raoul Salan.


Todos estos hechos son ignorados en la "historia oficial" de este país europeo que se reclama heredero de las banderas de libertad, igualdad y fraternidad enarboladas por la Revolución en 1789.


Finalmente el 8 de julio de 1962 fue consagrada la independencia de Argelia, que pasó llamarse Republica Argelina, Democrática y Socialista, cómo señalábamos anteriormente, asumiendo la presidencia Ahmed Ben Bella, acompañado por uno de los fundadores del FLN Houari Boumedienne.


En la Constitución de 1963 se estableció la orientación socialista del país, se nacionalizaron las propiedades abandonadas por los casi un millón de colonos franceses que abandonaron el territorio, se impulsó una reforma agraria y la autogestión de las pequeñas y medianas empresas.


Al mismo tiempo se planteó la necesidad de que las mujeres se liberaran de la opresión masculina y de la obligación de llevar el velo, iniciándose una gran campaña de alfabetización y estableciéndose un sistema de salud pública que cubría a toda la población.


El primer viaje que realizó el presidente de Argelia, al exterior, luego de estos anuncios, fue a Cuba, ya que había establecido una sólida relación con Fidel Castro y Ernesto Guevara.


Hacía un año que me encontraba en ese, el primer territorio libre de América, participando de un proyecto de conformación de un frente de liberación de nuestra Nación impulsado por Alicia Eguren y John William Cooke, por lo que presencié el recibimiento que el pueblo cubano le brindó al líder independentista.


Este, en la Plaza de la Revolución "José Martí" hizo una fuerte y vibrante alocución reiterando la necesidad de fortalecer el Movimiento de Países No Alineados y la solidaridad con Cuba, frente a las continuas agresiones de los Estados Unidos.


Este proceso que, a todos los que comenzamos a militar en los años 50, nos impactó, comenzó a mostrar signos de decadencia cuándo fue desplazado del gobierno Ben Bella, y reemplazado por su ex amigo Boumedienne, que recluyó en prisión, durante 10 años, a su viejo compañero de armas.


El nuevo presidente, si bien no cambió la orientación de su antecesor, en los aspectos principales, redujo su participación internacional y el apoyo al Frente Polisario que reclamaba el reconocimiento de la Republica Arabe Saharahui Democrática establecida en el desierto marroquí.


Luego de su fallecimiento, en 1978, se sucedieron diferentes dirigentes del FLN, que fueron suprimiendo el carácter socialista de la primera etapa, disminuyendo el rol del Estado en las políticas sociales, al mismo tiempo que se fortalecía el papel del Ejército como contralor del gobierno, generando, al mismo tiempo, una aristocracia política corrupta.


Como consecuencia de todo ello se fue, ampliando la brecha con los sectores mas pobres de la población -mas del 70 %- no garantizando el acceso al trabajo de millones de jóvenes que se ven forzados a emigrar a Europa, en la búsqueda de mejores condiciones y calidad de vida.


En ese contexto se produce un enfrentamiento armado con el Frente Islámico de Salvación -organización fundamentalista que cuestiona el carácter laico del Estado argelino- con miles de víctimas y un gran deterioro de los sectores productivos.


Lograda la paz, asume el gobierno Abdelaziz Bouteflika que hoy permanece en el poder, cada vez mas cuestionado, fundamentalmente por los jóvenes, que reclaman trabajo y libertad y por los veteranos dirigentes del FLN, que, como Ben Bella, exigen una vuelta a los principios fundantes.


Los sucesos en Libia han opacado las movilizaciones diarias que se dan en esta nación, que también es escenario del proceso de transformaciones democráticas que hoy sacuden al mundo árabe. Veremos que pasa.